jueves, 21 de noviembre de 2013

EL OLVIDADO TITANIC ESPAÑOL

Un transatlántico colmado de pasajeros, equipado con lujosas instalaciones, y un trágico desenlace. Podría pensarse que hablo del RMS Titanic, cuya breve vida -apenas cinco días- surcando el mar- ha sido recordada repetidamente durante los últimos 99 años. Pero hoy voy a hablar del Príncipe de Asturias, un buque español que, aunque de proporciones más modestas que el afamado barco británico, merece ser recordado una vez más. El Príncipe de Asturias (al igual que su gemelo, el Infanta Isabel) cubría el trayecto entre Brasil y el Mar de la Plata con España, haciendo escala en Valencia, Almería, Málaga, Cádiz y Las Palmas. Desde este último puerto surcaba el océano hasta arribar a Montevideo primero, y a Buenos Aires después. El 17 de cada mes partiría del puerto bonaerense, rumbo a Europa. Aquel fatídico día de marzo el transatlántico se acercaba a las costas tropicales, habiendo zarpado de Las Palmas con un total de 405 pasajeros y 188 tripulantes a bordo, la mayoría de nacionalidad española. 

naufragio 
El buque contaba con una biblioteca, una barbería, una farmacia e incluso con una panadería (foto). 

El hundimiento del Príncipe de Asturias se produjo frente a las costas brasileñas, entre las localidades de Santos y San Sebastião, un 5 de marzo de 1916, en plena Guerra Mundial. Las causas del naufragio nunca han sido aclaradas, pero se cree que pudo ser un torpedo procedente de un submarino alemán el causante de la catástrofe. Otro motivo pudo ser un mero pero fatal fallo técnico; el compás magistral se habría desviado accidentalmente, lo cual habría hecho embarrancar al transatlántico en un arrecife sumergido, produciéndose una terrible explosión en las calderas momentos después. No obstante, las declaraciones de un superviviente atestiguaron que se había podido ver la estela burbujeante de un torpedo momentos antes de dicha explosión. 

transatlantico 
Primera mención del naufragio en el Diario ABC el 7 de marzo de 1916. 

Fuese cual fuese el motivo, el barco empezó a hundirse a un ritmo vertiginoso, lo cual sin duda impidió que se salvasen más vidas. Inmediatamente después del estallido, el barco se empezó a escorar de lado, seguramente atrapando en su interior a cientos de personas, ignorantes de lo ocurrido. En menos de cinco minutos, el barco desapareció bajo las aguas, y muchos de los pasajeros y tripulantes que se habían lanzado al mar previamente fueron arrastrados hasta el fondo. Los pocos barcos que se pudieron presenciar en el lugar del naufragio pudieron rescatar con vida sólo a 86 tripulantes (prácticamente los que hacían la guardia en aquel momento) y 157 afortunados pasajeros, casi todos varones. 

Las noticias del desastre llegaban lentamente a Canarias y a Cádiz, donde la expectación fue grandísima durante los días posteriores. La mayor parte de la tripulación era catalana, vizcaína y gaditana, mientras que los pasajeros procedían en gran medida de Barcelona, Málaga, Cádiz y Valencia. Irónicamente el Príncipe de Asturias se había cruzado pocos días antes con el Infanta Isabel a escasos metros de distacia en pleno Atlántico, y según dijo el ABC en su edición del 8 de marzo de 1916, “los pasajeros de uno y otro buque saludáronse efusivamente y obtuvieron gran número de fotografías.” 

La noticia del naufragio conmocionó a la población española, entonces absorta con el trágico desenlace de la batalla de Verdún, que se desencadenaba más o menos por las mismas fechas. Probablemente entonces, como ahora, nadie prestó mucha atención al triste final de aquella pequeña joya de tecnología moderna. 

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